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La razón poética de Victoria Santesmases entre luces y sombras


Dice la razón: Busquemos 
la verdad.
Y el corazón: Vanidad 
la verdad ya la tenemos.
La razón: ¡ Ay, quién alcanza 
la verdad!
El corazón: Vanidad. 
la verdad es la esperanza.
Dice la razón: Tú mientes.
Y contesta el corazón:
Quien miente eres tú, razón, 
que dices lo que no sientes.
La razón: Jamás podremos
entendernos, corazón.
El corazón: Lo veremos.
Profesión de fe.

(Antonio Machado, Campos de Castilla, 1912)


Es “[…] la razón , la mismísima razón […] la que habría de iluminar y operar al modo de la luz, deslizándose por lugares y poros invisibles” (María Zambrano, De la Aurora, 1986)


María Zambrano opuso la razón poética a la razón técnico–instrumental, esa razón que presidió el desarrollo del mundo moderno occidental, causante de las revoluciones burguesas y que será el arma que hará tambalearse todos los postulados del mundo clásico, pero será un arma de doble filo que generará profundas grietas en el mundo moderno. Es en el propio concepto de razón en el que mejor se refleja la utopía que el hombre ilustrado elaboró guiado por la fe en la racionalización de la experiencia. En Filosofía y poesía la autora nos describe eso que llamó la razón poética un lugar del reconocimiento de “lo otro” de la razón.


Clara Janés en María Zambrano. Desde la sombra llameante habla de la razón poética como un plus más a la razón, señalando la importancia de los sentidos cuando aprehendemos el mundo. La razón poética no busca explicar lo inexplicable, como hace la filosofía y buena parte de la ciencia, sino expresarlo aunque sea sólo con intuiciones.


Y si ya no se cree infalible y única a la razón, aparece, en cambio, una compañera más potente y flexible, más rápida y certera: la intuición.” (Zambrano, Nuevo Liberalismo, 1996)


La intuición de Victoria es conocimiento directo, inmediato, sin intervención de la razón… en el sentido en que la autora malagueña describía la intuición… realismo poético que se sustenta en el enamoramiento, una actitud de Ia existencia antes que del conocimiento. Realismo poético que nos maravilla por su aparente sencillez y serenidad: El aire que transita, El hilo que todo lo envuelve,... estas series se caracterizan por una luminosa, sensual y vaporosa ligereza, “como diría Italo Calvino tratar de quitar peso a la estructura del relato, del lenguaje. Más que poetizar la materia, buscar una poética de la nada, la ausencia, lo leve, lo frágil, lo inmaterial...”1


En Rostros velados, Rostros de sombra  Victoria da respuestas. Es imposible escapar a la identidad sea esta nacional, de género, de clase, étnica… en ésta época postidentitaria la identidad tiene un peso más real que lo real. La aparición de la “política de la identidad” está directamente relacionada con las enormes transformaciones operadas en el último cuarto del siglo XX y con los nuevos paradigmas impuestos por una geopolítica y una geoeconomía global que agudizan las desigualdades entre identidades, países y continentes y pone en entredicho la justicia social.


En estos rostros velados, en sombra, anónimos, no hay alegría, ni tristeza, ni felicidad, ni dolor, no son descriptivos, no se detienen en las cualidades físicas y en las expresiones del rostro, no participan del culto a la personalidad, no individualiza a los personajes, no enaltecen al sujeto retratado, no son símbolos de la exaltación del poder. Son anti-retratos en primer plano de la colectividad, del sujeto colectivo, del anonimato.


El rostro ha desaparecido de la pintura moderna: “Los cuadros modernos están llenos de identidades a la deriva, de rostros sin perfiles, de nuevos espacios del anonimato” “¿Cómo realizar un retrato de un hombre que posee una identidad en fuga? ¿Hay posibilidades ciertas de fijar una imagen en medio del vértigo, en el fluir de las nuevas sociedades líquidas?”2


El anonimato es en la poesía visual de Victoria un camino de resistencia, sus anti-retratos luchan contra este peso descomunal de la identidad contemporánea. Para Heidegger en Ser y Tiempo “el anonimato significa […] « nosotros somos y no somos». Pero, por otro lado, el anonimato es lo que permite ejecutar la decisión hasta el final. El anonimato tiene toda la fuerza de quienes pueden llegar a afirmar: «nosotros somos quien somos». […] El hombre anónimo es cada uno de nosotros, y a la vez, ninguno de nosotros.”

(Santiago López Petit, Los espacios del anonimato: una apuesta por el querer vivir, 2006)


Ese nosotros anónimo que escapa a la representación se nos aparece por rostros que han ido desapareciendo a medida que Victoria los ha cubierto, pero hay ciertas formas de cubrir el rostro que lo des-cubren.


Cuanto más sienta, cuanto más sienta yo como varias personas,
cuantas más personalidades tenga,
cuanto más intensa, estridentemente las tenga,
cuanto más simultáneamente sienta con todas ellas,
cuanto más unificadamente diferente, dispersamente atento,
esté, sienta, viva, sea,
más poseeré la existencia total del Universo,
más completo seré por el espacio entero.

(Álvaro de Campos3)


Ana Navarrete

Artista visual e investigadora.

Profesora titular del Departamento de Arte de la FBAA de la UCLM

Junio 2014.






1 Adolfo Vásquez Rocca, <<Sloterdijk; entre rostros, esferas y espacio interfacial. Ensayo de una historia natural de la afabilidad>>. Pontificia Universidad Católica de Valparaíso – Universidad Complutense. http://revistadefilosofia.com/17-05.pdf

2 Pessoa creó varios heterónimos, poetas ficticios de estilos, voces y modos muy diferentes, que él mismo cuestionaba en sus críticas literarias, uno de los más conocidos fue Álvaro de Campos.


molinocreativo 2011